jueves, 26 de diciembre de 2013





Caminábamos por la misma órbita, cuando nos dimos cuenta que habíamos chocado.
Nos quedamos sin gravedad pero aún así, pudimos abrazar a la Luna.
Meteoritos de hielo rozaron mi cuerpo cuando te acercaste.
Escapamos hacia la tierra mientras una tormenta solar se aproximaba.
Nuestros pies como ranas jugaban en el agua a medida que avanzabas.
Nos recostamos sobre las nubes y el sol se apagaba...



Entonces empiezas a oxidarte lentamente, bajo el fuego de tu desierto.
El engranaje de tu corazón de hojalata ya no gira. Pues el aceite se evaporó,
cuando te diste cuenta que eras un robot y no tenías sangre en tus venas.
El agua salada que sale de tus ojos, contamina el suelo, 
donde ningún fruto crece hasta el cielo.
Por la noches el insomnio invade tu cuerpo donde ya no existen los sueños.
Tu sonrisa amorfa se desintegra en el tiempo, ahora que ya estás muerto